autoestima

  • Como duele que no te comprendan ¿verdad?
  • Como duele que no los médicos no te crean o no te apoyen.
  • Como duele tener que contar lo mismo una y otra vez.
  • Como duele el sentirte impotente.
  • Como duele no poder llevar tu vida anterior.
  • Como duele que personas a las que querías se alejen de ti.
  • Como duelen esas miradas de dudas y de desconfianza en nuestra palabra.
  • Y por encima de todo, como duele la fibromialgia.

¡Ay! que te digo que pueda consolarte en estos momentos en los que estás pasando por todo lo que he puesto un poco más arriba. Se que no sirve de consuelo, pero quiero que sepas que te entiendo porque yo pasé por lo mismo que tú.

Pero si quiero que te aferres a mi experiencia, porque yo ya hace casi 3 años que no tengo ningún síntoma, ni tomo ningún medicamento, ni visito a ningún médico. Quiero que sepas que es posible salir de la pesadilla. Pero para ello tienes que hacer una cosa muy importante: QUERERTE A TI MISMA.

Si algo he descubierto en estos años de padecimiento y de tratar con otras mujeres que sufren fibromialgia, es que tenemos un patrón muy similar de comportamiento:

  • Somos mujeres muy activas.
  • Somos mujeres que nos implicamos con los demás.
  • Somos escuchadoras natas.
  • Somos ayudadoras.
  • Necesitamos mucho cariño y comprensión.
  • Nos gusta que nos demuestren las cosas, ya que nosotras somos de más de hacer que de decir.
  • y así podría seguir…

¿Te sientes identificada con algo de lo que comento? 

Pues si has respondido que sí a varias de estas cuestiones, necesitas trabajar tu autoestima y valorarte más. Porque lo que estás haciendo es esperar que los demás te entiendan, comprendan, den amor, tengan detalles… por iniciativa propia y cuando eso no pasa, tú te vienes abajo. ¿estoy en lo cierto?

Eso pasa porque tenemos tendencia a esperar el reconocimiento desde fuera y la cuestión radica en hacerlo al revés. ¿Te has leído el post anterior en el que hablaba sobre la introspección? Échale un vistazo:  “Estar con una misma”, regalarte momentos como de los que te hablo son el primer paso para comenzar a dejar de esperar nada de los demás y por tanto, no llevarte decepciones, ni sufrir.

Los demás no hacen o dejan de hacer las cosas por nosotras, los demás hacen su vida para vivir como a ellos les gusta. El problema es que como tú has estado dando la vida por los demás, ahora que los necesitas, piensas que deberían estar ahí. ¡Como te entiendo!

Por lo tanto, hay que ponerse manos a la obra:

 ¿Cómo te hablas? ¿Qué te dices cuando te miras al espejo? ¿Qué te dices cuando estas cansada? ¿Y cuándo te duele algo?

¡Se acabaron las lamentaciones! Eso sólo te ayuda para un ratito, pero lo que viene después es entrar en una espiral dominada por la desidia y el rechazo hacia la enfermedad y por lo tanto hacia ti misma, que sólo te va a llevar a seguir hundiéndote.

¿Cuántas veces te dices a ti misma que te quieres? ¿Cuántas veces te dices guapa? ¿Cuántas veces te das mimos? ¿Cuántas veces te abrazas o acaricias con ternura? ¿Cuántas veces te haces un regalo? ¿Cuántas veces te preparas tu comida favorita?

Pues este ejercicio consiste en eso, como todo, al principio te costará mucho trabajo hacerlo, pero irás cogiendo el hábito y verás cómo cada vez te es más sencillo.

Te propongo que durante 21 días:

  • Te digas te amo cada vez que te veas reflejada en un espejo.
  • Te digas guapa antes de salir de casa.
  • Arréglate para ti. Cuando te sientas de bajón, date una ducha, maquíllate un poquito, hazte un peinado chulo. Siéntete bien contigo. Es para ti.
  • Cuando estés tumbada en el sofá o en la cama, date un abrazo, acaríciate las mejillas, los brazos, las manos…
  • Al menos una vez a la semana hazte un regalo: puede ser una canción, una flor, una carta que te escribas con cariño, una comida que te guste, un concierto, una prenda de ropa, un masaje,…
  • Cuando te duela algo, ten paciencia contigo, di en voz alta, ¡te quiero, mañana seguro que estás mucho mejor! Y regálate un descanso en el momento que puedas.

La idea es que tras los 21 días, que es lo que se tarda en adquirir un hábito de salga de forma natural.

¿Si no te quieres tú, quién va a hacerlo por ti? Empieza ahora mismo.

Si tienes alguna duda, ya sabes, pregunta lo que necesites.

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Un besazo

Sandra