¡Ñam, ñam! Lo que me gusta a mí la comida china en general y la casera en particular.

Pues, sí, resulta que desde hace años he sido fan de este tipo de cocina y solía ir a los restaurantes o pedir comida para llevar al menos una vez al mes. Era un capricho saludable, o eso pensaba yo, hasta que escuché hablar del glutamato monosódico y de su uso común en los platos orientales que a mi tanto me gustaban.

¿Qué es el glutamato monosódico?

Es un aditivo usado por gran parte de la industria alimentaria como potenciador del sabor, si quieres buscarlo en los productos que compres es el  aditivo E-621, y también, puedes encontrarlo como GMS, sal china, ajinomoto o umami.

Siempre me ha había sorprendido lo “sabroso” y “adictivo” de la comida china, creyendo que eran técnicas culinarias propias de estos países, sin ser consciente de lo usaban para ello.

También ahora entiendo que de tantísima sed la comida china, lo cierto es que no deja de ser una sal y cómo tal, pide agua para compensar los niveles adecuados de agua y sodio dentro de nuestro organismo.

Hasta aquí todo puede parecer normal, ¿Verdad? Tampoco parece para tanto que algo que de sed sea tan nefasto para la salud, pero es que no es sólo eso.

¿No conoces a personas que dicen haberse puesto malas tras haber comido en el chino y de ahí se pasa a la leyenda urbana (o no) de que cocinan animales no bien vistos para la cultura española?

Bien, pues ahora te voy a comentar parte de los efectos secundarios que produce el glutamato monosódico, y así quizá puedas comprender de dónde viene el malestar de esas personas.

  • Provoca un hambre voraz ¿Te suena eso de no poder parar de comer aunque estés lleno/a?
  • Nauseas.
  • Mareos.
  • Taquicardias.
  • Hay intestinos que no lo toleran y necesitan expulsarlo.
  • Problemas respiratorios.
  • Está relacionado con la diabetes, ciertos tipos de cánceres, con obesidad.
  • Puede ocasionar lesiones cerebrales y daños el sistema nervioso central.

Quizá ahora me entiendas y veas por qué he puesto este titular a éste post.

Hay una cosa importante, aunque me he centrado en este tipo de cocina en particular, porque tiene que ver con la receta que quiero enseñaros hoy, no olvides que está en muchísimos de los productos envasados que se encuentran en cualquier supermercado, bolsas de patatas, refrescos, sopas de sobre, etc.

Por eso no olvides leer todas las etiquetas de aquello que compres y tengas pensando introducir en tu cuerpo, recuerda que es el único que tienes para seguir disfrutando de este viaje.

Pero como todo en la vida, hay cosas positivas, y las restricciones no son buenas, nos hacen obsesionarnos, así que lo mejor es buscar los sustitutos saludables de todo aquello que nos hace disfrutar.

Así que yo hoy he tirado la casa por la ventana con unos estupendos tallarines con verduras, facilísimos de hacer.

 

¿Qué necesitas?

  • Verduras al gusto: en mi caso, col, calabacín, pimiento amarillo y zahanoria.
  • Tallarines: en mi caso sin gluten.
  • Aceite de sésamo.
  • Salsa tamari.
  • Sal del Himalaya o sal marina.
  • Pimienta negra.

¿Cómo se hace?

  • Cocer los tallarines según instrucciones del paquete y enfriar bajo el grifo en un colador. Apartar.
  • Limpiar y picar en trozos medianos las verduras.
  • Poner a calentar un chorreón de aceite de sésamo y cuando esté bien caliente echar las verduras, echar una pizca de sal marina o del Himalaya y pimienta, remover durante 3-4 minutos máximo, para que las verduras se queden aldentes (que crujan al morderlas) y justo antes de apagar el fuego echar un chorreoncito de Tamari, dar un par de vueltas hasta que se integre todo.
  • Incorporar los tallarines y remover.

¡Listo nuestro plato oriental casero sin aditivos!

Nos vemos el próximo domingo con más noticias y recetas.

Un beso enorme

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