Hace tres meses que por fin dejé el tabaco. Espero que esta vez sea la última vez y la definitiva.

Pero como muchos/as sabréis, el tabaco, aparte de ser adicción horrible que afecta a la salud y al bolsillo, se usa para acallar sentimientos y emociones.


Por eso las personas fuman más cuando están tristes o nerviosas o preocupadas. No es porque fumarse un cigarro relaje, todo lo contrario, es un excitante, sino que así “anestesiamos” nuestro cerebro y no nos permitimos ni vivir esos sentimientos y emociones o no nos preocupamos por escuchar qué quieren decirnos.


Os preguntareis qué por qué os cuento todo este rollo… pues porque esta es la razón por la que la mayoría de las personas engordan al dejar de fumar, porque lo que antes acallaban con un cigarro, lo hacen comiendo o picando algo.


Y cómo os podréis imaginar, yo no iba a ser menos. Así que en cuestión de poco tiempo había puesto varios kilos. 


Tras varios intentos fallidos de volver a mi peso a través tener en cuenta sólo la alimentación, decidí hacer una depuración o détox.


¿Qué es? 

Pues es un periodo de tiempo (en mi caso diez días, en principio) en los que me estoy centrando en limpiar mi organismo, mi hígado, mis pulmones, mi piel… a través de una alimentación lo más limpia posible. 


Se evitan todos aquellos alimentos inflamatorios: carnes, pescados, lácteos, harinas, alcohol, café y otros excitantes. 


Pero esta vez está yendo acompañada de un período de introspección, estoy aprendiendo a escucharme a mí misma, a distinguir de una vez entre hambre emocional y hambre real. Me estoy permitiendo sentir, sin juzgarme, y dejando ir aquello que me atormenta en el momento en que, sin poder tener hambre, me da por ir a buscar algo a la cocina.


Y en está ocasión, también he dejado ir recuerdos, cosas materiales, acumulaciones físicas. Tenemos la costumbre, algunas personas, de callar los sentimientos y emociones a base de “irnos de compras”. Yo de hecho, muchas veces he hecho compras compulsivas. Hasta que fui capaz de asimilar que mis necesidades no eran un bolso nuevo, o unos zapatos u otra chaqueta, sino que a lo mejor lo que necesitaba era un beso, un abrazo, una llamada y no me atrevía a pedirlo. 


¿Sabéis lo mejor de todo?


– Estoy despidiéndome de esos kilos de más, casi todos en forma de retención de líquidos.
– He limpiado mis órganos de toxinas para que puedan funcionar mejor a partir de ahora y no se encuentre colapsados.
– El aspecto de mi piel, pelo y uñas ha mejorado muchísimo.
– Me noto con mucha más energía y más ágil.
– Me siento tranquila, feliz, plena.
– Ya sólo como cuando tengo hambre.
– He ayudado a otras personas que necesitaban todas esas pertenencias y yo me he quitado un bagaje innecesario. Y ahora, hay espacios vacíos en “casa” para dejar entrar lo nuevo, sin pretensiones, simplemente siendo yo misma, escuchándome y permitiéndome sentir.

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Sandra González Murga

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