Muy buenas tardes amigas, ya estoy en casa tras la aventura de hacer el Camino de Santiago. Si os lo tuviera que resumir sería del siguiente modo: Experiencia inolvidable que todas las personas deberían hacer al menos una vez en la vida. ¡De verdad! Han sido 8 días maravillosos cargados de aprendizaje.

Durante los días que he estado en Galicia, pensaba en qué os contaría que os fuera de utilidad, ya que en un principio la idea era hablaros sobre cómo se las apañaría una flexivegana en el Camino para las comidas, pero luego, me di cuenta de un montón de cosas que me hubiera gustado que me contaran a mí antes de ir para poder vivir esta experiencia con más comodidad y algo menos de improvisación. Y como en verdad, la cuestión alimentaria no ha ido muy bien que digamos… he decidido contaros un poco de todo.

Os cuento un secreto (a voces, para quienes me conocen personalmente): aunque soy una persona muy impulsiva, me gusta organizarlo todo, me cuesta mucho dejarme llevar y vivir el momento tal y cómo se presenta, siempre me he definido como algo “cuadriculada”. Así que para mí el hacer este viaje, a los pocos días de haberlo decidido y sin tener ni idea de nada, era una prueba (¡dura! jajaja, si eres como yo, sabes a lo que me refiero…) de cómo hacer las cosas un poco más libremente, sin tener que llevar todo pensado al dedillo.

Lo de ir al Camino de Santiago, era algo que llevaba rondando mi mente mucho tiempo, y que, como os decía en el post anterior, no lo había hecho por una razones o por otras, pero siempre que tenía oportunidad sacaba el tema para ver si alguien se arrancaba conmigo, porque la verdad es que me daba cosilla hacerlo sola. 

Como las cosas no pasan por casualidad… tras mi despertar espiritual de los últimos meses, había retomado contacto telefónico con un ciberamigo de hace años, que me escribió gracias a un concierto que iba a haber en mi pueblo, tras varias conversaciones salió el tema del Camino y le dije las ganas que tenía de hacerlo y ¿a qué no adivináis? A él también le apetecía muchísimo, así que como los dos podíamos permitirnos coger días en el trabajo, decidimos no postponerlo más y salir la semana siguiente, así de paso también nos conoceríamos en persona.

La verdad es que sonaba todo un poco locura, pero ya no iba a dejar pasar la oportunidad que la vida me brindaba de vivir la experiencia de hacer el Camino andando.

Con el  poco tiempo de margen que teníamos, nos pusimos a mirar por internet y decidimos que haríamos el Camino francés, es el más transitado y concurrido, y también decidimos que haríamos desde Sarria, lo más habitual.

Como ninguno de los dos tenía ni idea de si era difícil encontrar alojamiento en las distintas etapas, optamos por llevarlos reservados con antelación y como no nos daba tiempo a prepararnos físicamente antes de ir y teníamos que hacerlo en 5 días sí o sí, cogimos el paquete en el que nos llevaban las maletas. ¡Y menos mal que lo hicimos así! ¿Hoy volvería a hacerlo así? No, en el próximo Camino iré a la aventura, ya que si no vas de albergue es muy sencillo conseguir alojamiento y no te obligas a nada, puedes parar si no puedes más,  o si algún pueblo te gusta especialmente, o puedes seguir si te encuentras con fuerzas y ganar etapas.

Otra cosa a decidir era cómo llegaríamos hasta Sarria y al final decidimos que yo llevaría el coche, tanto a la ida, como a la vuelta. Otra prueba para mí, que tras los años duros de fibromialgia, le cogí tanto miedo, que no había vuelto a conducir durante más de 2-3 horas. ¡Y aquí la vuelta era de 10! Pero bueno… quien algo quiere algo le cuesta ¿no dicen eso? 

Por último revisé la información relativa al equipaje y al equipamiento, la cuál no me ha servido de mucho, ya que yo me equipé para verano y resulta que no ha dejado de llover los días de caminata y hacía un frío que pelaba.

Entonces mi consejo es que los pantalones que lleves sean desmontables, para que te sirvan tanto para el frío como para el calor, que repelan el agua también es importante.

El calzado es lo más importante, aquí no te cortes en hacer una buena inversión en unas zapatillas o botas de montaña IMPERMEABLES y transpirables. (Goretex es el material) Lo que más he visto durante los días de Camino es a personas con los pies llenos de ampollas y teniendo que comprar calzado adaptado allí.

Para el próximo camino llevaré 2 camisetas de manga corta o tirantes y 2 de manga larga que abriguen. Muy importante que sean de secado rápido y transpirables. Tuve que comprar las de invierno allí.

En cuanto a la ropa interior, al menos 3 mudas, porque yo sólo llevaba 2 y las he pasado canutas porque no se secaban.

*Sueles encontrar auto-lavanderías con secadoras en casi todos los pueblos, pero te hipotecan la tarde si tienes que hacer la colada.

Importantísimo el chubasquero, el mejor de todos los que he visto, es uno largo, con mangas, que tapaba a su vez la mochila, el mio era igual, pero sólo tapaba hasta la parte superior de las piernas. Si hace mucho aire, cómo ha sido en esta ocasión, los de capa no son la mejor opción.

Uso de bastones: yo te lo recomiendo, porque hay varias etapas rompe-piernas con cuestas y bajadas grandes, así que se convierten en un gran apoyo.

No olvidar el botiquín básico: agujas, yodo, gasas, alguna venda, suero, y compeed de varios tamaños o del recortable.

¿Vamos con el viaje?

Arranqué el sábado día 11 por la tarde hacia Galicia, tenía que pasar por un pueblecito de Cáceres a recoger a mi compañero de aventura, que trabajaba ese día y desde allí tomaríamos rumbo a Sarria. Iba feliz, porque por fin iba a cumplir este sueño. En el camino iba oyendo música, cantando y disfrutando de los paisajes que me iba encontrando (no pude resistirme a parar en Embalse de la Serena).

Salimos del pueblo más tarde de lo esperado por cuestiones de salud del perro de mi amigo, así que decidimos hacer noche a mitad de camino, para no llegar de madrugada a Sarria, y nos quedamos en Ledesma un pueblecito cerca de Salamanca, para por la mañana temprano continuar el viaje.

El camino lo comenzábamos a la mañana siguiente, así que aprovechamos para ir a ver un pueblo cercano, que nos había recomendado la camarera del restaurante donde habíamos comido, Samos, el trayecto precioso y el pueblo más.

Las comidas en Sarria bien, al ser grande había opciones: parrillada de verduras, pizza vegetal, ensaladas, etc. Incluso en el desayuno, en nuestro hostal, si lo pedías había opción de leche de soja, ninguna otra vegetal.

Comenzamos el camino el lunes a las 7:30, horario que mantuvimos hasta el final. Desayunábamos a las 7 y al terminar nos poníamos en marcha.

La primera etapa era de Sarria a Portomarín, el día amaneció fresco, pero soleado y la verdad es que era una gozada caminar así. Una amiga me dio un consejo antes de irme y decidí llevarlo a cabo, consistía en ofrecer cada etapa por algo o alguien. El esfuerzo de ese día era por esa causa y me gustó la idea, así que nada más comenzar las etapas pensaba por quién o qué iría ese día  el trayecto.

Desde el principio pude apreciar el sentimiento que en el Camino se respira, la gente es muy agradable, te  van saludando y deseando buen camino, es muy fácil entrar en esa dinámica y entablar conversaciones con otros peregrinos. 

Fue en esta primera etapa cuando ya conocí primero a Carmen (Algeciras) , y más adelante conocimos a Juan (Rinconada), Carlos (Rinconada) y Jose (Huelva), en un rato en el que había “perdido” a Diego. Los cuatro se convirtieron en compañeros indispensables para esta aventura.

(Hacer trayectos en solitario, no sólo te da tiempo a pensar y disfrutar de tu soledad, sino que da muchas más opciones a conocer a otras personas y abrirte a ellas – te lo recomiendo-)

Esta etapa de gran belleza, aunque se hace cansada, no es difícil, tiene algunas pendientes pero son todas cómodas.

Lo mejor (porque no volverás a tener opción en muchos kilómetros): En un pueblo un par de km antes de llegar a Portomarín, a la derecha en una casa de piedra, hay un restaurante vegetariano. Nosotros éramos 3 en ese momento, pedimos un poco de todo para probar y pagamos unos 10€ por persona. La media de los menús que encontrarás a lo largo de todo el Camino.

Portomarín: pueblo para disfrutar las vistas del río, para hablar con personas de allí que te cuenten dónde estaba el pueblo antes, tomar algo en su plaza y seguir conociendo a personas estupendas.

Segunda etapa de Portomarín a Palas de Rei: Volvimos a comenzar a las 7:30, y al rato ya estaba lloviendo, lluvia que fue yendo a más no permitiendo disfrutar tanto del camino en sí, bastantes tramos de carretera, con parada en Ventas de Narón para sellar la credencial y desayunar. Lo único que queríamos era llegar del frío y la lluvia que había. Lo mejor de este camino: Conocer a Gonzalo y Laura, dos hermanos de Madrid, encantadores y que desde esa noche pasaron a formar parte del Gran Equipo (amigos) que se había creado.

La lluvia dio poca tregua, así que visita a la capilla del pueblo, compras de ropa de invierno porque el temporal acababa de comenzar y risas  y charlas en el bar.

Tercera etapa Palas de Rei a Arzúa: Para mí la más dura con diferencia. Aunque todos nos íbamos encontrando de vez el cuando por el Camino, cada uno iba a su ritmo. Eso me iba dando chutes de energía. Habíamos quedado en Melide, la mitad del trayecto para hacer un descanso y comer pulpo, en mi caso tortilla de patatas, jajaja. 

De los 30 km pasé unos 20km sola, no dejaba de llover, el cansancio ya iba haciendo mella, y las agujetas de días anteriores.  Pude conversar a ratitos con personas de muchos lugares, es una de las cosas que más me ha gustado de hacer el Camino. A esta etapa la llaman la “rompepiernas” y no es de extrañar. En etapas como ésta, a parte de que te da tiempo a reflexionar durante tantas horas, puedes medir tu aguante, gracias a Dios, tuve fuerzas para terminarla, pero ese día no fui capaz de salir de la cama desde por la tarde hasta la mañana siguiente, cené un plátano y a dormir.

Si volviera a hacer el Camino Francés dividiría esta etapa y dos y me quedaría en alguno de los pueblos preciosos por los que se pasa y que con el temporal y las horas que quedaban por llegar a destino no pude disfrutar siquiera de pararme a darle una vuelta.

 Un pena, porque en Arzúa si se encuentran opciones veganas y vegetarianas que Laura probó. 

Cuarta etapa de Arzúa a O Pedrouzo: El descanso del día anterior me vino de miedo, la lluvia daba treguas de vez en cuando, los bosques de eucaliptos te atrapaban, y el olor envolvía la maravilla de paisajes. Aunque la etapa vuelve a ser “rompepiernas”, se hace mucho mejor que la anterior. 

Momentos de soledad, de reencuentros  y de risas, quizá mi etapa preferida de todo el Camino. Estuve con los compis sevillanos casi todo el tiempo e ibamos tan a gusto, que hasta nos pasamos  y fuimos al pueblo siguiente, jajaja. Ese día decidimos darlo todo y la comida y sobremesa fueron de escándalo. 

Les apetecía comer Chuletón a la piedra, y en el restaurante solo había patatas fritas, lechuga, tomate y cebolla de vegetales, ¿otra vez el menú estrella del camino? Así que Jose, que es un crack, se fue a un supermercado y me compró calabacín, pimientos y alcachofas para hacerlas en la piedra. Lo que pudimos reir. ¡Gracias amigo!

Última etapa O Pedrouzo a Santiago: Los esfuerzos de los días anteriores me habían pasado factura y la noche anterior me dio un tirón en el tendón de aquiles del pie izquierdo, y la mañana del viernes ya era en los dos y también en las rodillas. 

Desde el minuto 1 hice el camino rabiando, así que fui despacio, disfrutando (cuando el dolor me lo permitía) los últimos suspiros de bosques, silencio, reflexiones…

Durante el camino, como cada día nos íbamos encontrando y separando con los amigos, lo que ayuda mucho. A mitad del trayecto me esperaba Carmen, a quién quiero agradecer que bajara el ritmo el último día para ir a mi lado los últimos km que llevaba una pierna a arrastras.

Diego nos esperaba a la entrada de Santiago. Llegamos los tres a la Plaza del Obradoiro donde la emoción contenida afloró. Los esfuerzos y el sentido de ese viaje estaban allí, en esa Plaza, en esa magnifica Catedral.

Como yo había tenido que ir más despacio de lo normal no pudimos entrar a la Misa del Peregrino, así que lo dejamos para el sábado, pero tenía que ser así, porque la “casualidad”, nos hizo vivirla en primera fila y notar el aire que desprendía el botafumeiro cada vez que pasaba a esa velocidad siendo el mejor culmen de esta aventura.

A partir de ese momento a disfrutar de los amigos, de la ciudad y del descanso. 

Sólo puedo decir que ha sido una experiencia maravillosa, que no podría haberse mejorado de ninguna manera, porque tenía que ser así, tal cual. Que agradezco al Camino las personas que ha puesto en mi vida: Carmen, Diego, Laura, Jose, Gonzalo, Carlos, Juan, aquí me tenéis para lo que necesitéis, en Pozoblanco tenéis vuestra casa y que esta amistad perdure. Os quiero. El año que viene, por mí repetimos.

Mis últimas reflexiones:

VE A TU RITMO, es básico para evitar lesiones.

PASA TIEMPO SOLA  durante el camino, son momentos increíbles de introspección y reflexión.

SIENTE LA ESPIRITUALIDAD DEL CAMINO.

ABRAZA UN ÁRBOL.

HAZ EL CAMINO AL MENOS UNA VEZ EN TU VIDA.

SI REPITES, HAZ EL CAMINO SOLA AL MENOS UNA VEZ EN TU VIDA (mi próxima meta).

HABLA CON LAS PERSONAS QUE TE RODEAN.

HAZ NUEVOS AMIGOS.

TEN LA MENTE Y EL CORAZÓN ABIERTOS.

DISFRUTA CADA SEGUNDO.

VIVE EL CAMINO.

PD. es muy difícil comer vegano porque en pocos sitios hay verduras en carta, yo preguntaba en todos sitios y tampoco tenían para prepararme nada. También es cierto, que creo que si hubiese ido sola, habría terminando dando con sitios donde si hubiera opciones, pero al ir el grupo me adaptaba yo. Así que mi menú peregrino ha consistido en pan (espectacular por cierto), queso, ensalada y patatas fritas. Para las medias mañanas si que llevaba frutos secos crudos y fruta.

¡Desde este mañana estoy de depuración y quiero hacerla al menos durante toda esta semana! Pero ¿sabes qué? que me quiten lo bailado.

Espero que mi experiencia te pueda servir de algo o al menos te haya sido entretenida. A mi me ha encantado contártela y revivir los momentos pasados.

Sandra González Murga

Soy Sandra, ayudo a personas con fibromialgia a recuperar su vida y su alegría, a través de coaching emocional, nutricional y desarrollo personal. Puedes descargar gratis mi "Menú diario para ganar a la Fibromialgia" para nutrir tu cuerpo y tu salud.

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